Es curioso, ¿Eh? Cuando eres pequeño, la palabra verano equivale a vacaciones, mientras que ahora que he terminado todo, “verano” no es más que una estación del año, sin ninguna diferencia funcional respecto de las otras. Me explico: el martes terminé curso (3º), carrera (fisioterapia) y etapa (estancia en una ciudad lejos de casa). Bueno, hablando en propiedad, de etapa todavía no he cambiado, pues sigo teniendo las llaves del piso y todavía queda el acto de graduación y la cena de gala, pero oficialmente el cambio de etapa fue el martes. En cuanto al piso, de los tres que éramos, me ha tocado a mí comerme el marrón y hablar con la casera para decirle que no vamos a estar dos años como le prometimos, sino que este sábado le devolvemos (devolveré) las llaves y dejaremos de pagarle. Yo, que fui el que sabía con seguridad que no me iba a quedar otro año, he sido quien ha tenido que dar la cara. Me parece que mis compañeros tienen mucho morro, pues es muy fuerte y muy cómodo por su parte decir: “Ale, apáñate y arréglalo tú”. Pero en fin, tampoco voy a hacerme el mártir, muchas otras personas han tenido que comer marrones por mi culpa, así que pienso en eso de “Hoy por ti, mañana por mí”. Y en cuanto al acto de graduación, es mañana, en el mismísimo Palau de la Música, inaugurado en el 87, donde Ana Torroja cantó un tema con Presuntos Implicados a mediados de los 90 y donde José María Cano presentó su ópera Luna en el 97, un fracaso total según la crítica.
CRÓNICA DEL MARTES.
Me levanté por la mañana, a eso de las siete menos algo, y cogí el cercanías. Cuando llegué a mi destino, fui a pata hasta la facultad. La ciudad comenzaba a despertar, el Sol aumentaba minuto a minuto la temperatura y comenzaban a dar los primeros cantos los pajarillos, los cláxones de los coches y las perras en los parques. Nada más llegar a la facultad y ponerme en la biblioteca, se sentó a mi lado mi fan nº1, una chica que no paró de tocarme los cojones hacerme preguntas sobre el examen desde las nueve hasta las tres de la tarde. Debió de verme cara de erudito, porque me preguntaba cosas que ni me sonaban. No le supe responder prácticamente a ninguna pregunta. Cuando más tarde vinieron en masa tres o cuatro compañeros nuestros, le debió de bajar la regla de golpe de la emoción, pues no paró de preguntarles a ellos. Yo no sé, la tendré que llamar Pasapalabra o algo así. Era una cosa terrible.
El caso es que cuando dieron las cuatro, entramos a hacer el examen, tras haber estado media hora asándonos como pollos en un pasillo al que daba el sol contra la pared de cristal, haciendo efecto lupa. Pasó la profe, pasamos los alumnos, y nos entregó el tochito con las 100 preguntas a cada uno. Se sentó en la tarima descalza, con su falda hippylonga, y nos miraba como si fuésemos Mon Chéris. Lo cierto es que a pesar de su inofensiva imagen de santurra y de mujer fina, en el examen nos folló bien bien a todos.
- ¿Y a ti cómo te fue?
Vamos a ver, digamos que aprobado creo que estoy, aunque ayer en el tren iba apuntando las preguntas que recordaba y me di cuenta de que tuve fallos en algunas. En fin, ya lo sabré la semana que viene, el examen está hecho y no se puede hacer nada.
Al salir del examen, la gente estaba en el pasillo gritando a pleno pulmón como posesa de la enfermedad de la rabia, casi con los ojos fuera de las órbitas, comentando preguntas, respuestas y hablando sobre el examen como si estuvieran en el desaparecido corral de gallinas “A tu lado”. Como a mí eso me pone de los nervios, dije “Adiós” -creo que nadie lo oyó- y salí con mi amiga para ir a la cafetería de enfrente de la facultad. Pero justo cuando salíamos a la calle, miró el reloj y se fue, pues tenía trabajo. “Genial, solo”, pensé, pero de repente apareció, como una iluminación divina, la Vanessa Cari, con esos aires de erotismo virginal mezclados con ese temple de tía súpercañera. Iba con unas chicas y me invitó a acoplarme con ellas. Nos hicimos una cerveza y nos estuvimos riendo de cosas tontas. Conocí a una chica muy maja que también vendrá mañana a la cena. Hubo un momento en el que Cari y una compañera se enseñaron sus tatuajes, y la chica le comentó que quería ir a repasárselo. Cuando vieron mi cara de curiosidad, me dijeron: “Anda, vente y lo ves!”. Total, que cuando acabamos de allí, fuimos al centro los tres camino al tatuador.
No quise dar tiempo a mi cabeza a pensar. En el siguiente fotograma de esta historia, aparezco tumbado en la camilla con el tatuador haciéndome el tatuaje y yo cogiendo la mano de la otra chica mientras aguantaba el dolor. El propósito por el que nos hicimos cada uno un tatuaje fue por conmemorar el final de la carrera, el último examen; aunque yo, secretamente, lo llevo para conmemorar también el final de una etapa que va más allá de la carrera. Un tatuaje que significa “tú”, en recuerdo de una persona gracias a la cual yo me encontraba ese día ahí, JAVI, la persona junto a la cual he aprendido gran parte de lo que sé hoy en día en términos de afectividad (hmm, esto suena como a libro de autoayuda, ¿no?). La otra chica no se hizo ninguno, se repasó el que tenía, pero la Cari sí se hizo uno, igual que el que lleva Elsa Pataky en la cintura. El mío es así:
Como habíamos ido al tatuador a superúltima hora, al acabar nos fuimos los cuatro a cenar al Foster’s, ya que la Cari especialmente es amiga suya y se llevan muy bien. Allí me hice amigo de él también y nos lo pasamos genial a pesar de que la carne creo que tenía hasta sentimientos propios de lo cruda que estaba. Me enteré de que Cari va a estar en una carroza el sábado, con motivo de la cabalgata del día del Orgullo Gay. Es una diva, aunque a mí el rollo “idolatrar a una diva” nunca me ha gustado demasiado. Me pareció, simplemente, gracioso.
Bueno, y pasado mañana a Madrid, a ver si puedo actualizar desde allí. Voy a ver a un amigo que hace como un año que no veo, y tengo muchísimas ganas de salir por ahí con él y sus amigos, que son geniales todos todos. Y quien quiera apuntarse, bienvenido sea! (ya lo sabes).
Bueno corazones os dejo que me vais a apedrear después de este post bíblico.
Canción de hoy: Fangoria – Más que una bendición. Muy buena!!








